Manifestarse desde la desigualdad


La libertad de manifestación es un tema de disertación que en un contexto de agitación y cambio en Michoacán y en México en los últimos años, resulta controversial y divisor de opiniones, pero también brinda la oportunidad de replantear nuestra concepción en torno a este derecho y, desde luego, el espacio oportuno para una crítica constructiva rumbo a la disminución de la acumulación crítica de problemáticas sociales no atendidas y dolores en común en nuestro estado.

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Política, mariguana y rock n’ roll


I’m in love with Mary Jane. // She’s my main thing.
She makes me feel alright. // She makes my heart sing.

Mary Jane: controversial, popular, barrio bajera, elitista, sensual… Mary Jane –o mariguana- ha suscitado un debate mundial sin precedentes que tiene a política, economía y moral navegando por aguas limítrofes, e incluso, ajenas y desconocidas. Estamos en un punto de inflexión y a partir de ahora cargaremos con el peso de la (in)decisión. Sigue leyendo

Connecticut y la violencia como entretenimiento


Me da miedo que uno de estos días ya nada me sorprenda: “la indiferencia es el apoyo silencioso a favor de la injusticia”[1], pero uno pierde la capacidad de asombro conforme se avejenta o se acostumbra silenciosamente a la violencia disfrazada de entretenimiento.

Por ello, a propósito de vencer la indiferencia y por la indignación que siento ante las manifestaciones de violencia, la noticia de la tragedia en Connecticut donde 20 niños perdieron la vida en manos de un joven, me impacto e instó a escribir estas líneas. Si bien no hay mayores detalles del suceso más que los relatados en diferentes medios de comunicación y en las redes sociales; la declaración de Obama donde reconoce que sucesos de este tipo han sido frecuentes y se deben tomar medidas significativas para evitar este tipo de tragedias, genera muchos cuestionamientos.

En los últimos años, han ocurrido varios accidentes de este tipo en EUA[3], entre el listado podemos nombrar tristes sucesos como la tragedia de Collumbine de 1999, retratada en el documental del polémico director Michael Moore Bowling for Collumbine [4]. El caso del Tecnológico de Virginia en 2007, donde murieron 30 personas, y hace escasos meses, en Agosto de este año en un cine en Colorado durante la premier de la película The Dark Knight Rises[5], donde murieron 12 personas y hubo 59 heridos. Las anteriores tragedias tienen en común la facilidad para la posesión de armas y que fueron sucesos cometidos por personas jóvenes.

Este tipo de sucesos nos abre además otros cuestionamientos como el debate inconcluso en los Estados Unidos sobre la posesión de armas y cuyo tema fue sonado en la campaña de Obama de 2008; y a mayor escala el negocio del tráfico de armas que según cifras de la ONU causa cerca de 750 mil muertes al año. O a nivel micro el problema del bullying que por años ha estado presente en las escuelas, y que si bien han aumentado el número de programas y el conocimiento de éste, sigue estando presente adquiriendo nuevas formas de manifestarse como al interior de las redes sociales; y qué decir de nuestro México dónde en un proceso paulatino y casi imperceptible nos hemos acostumbrado a convivir con la violencia, en un clima de inseguridad y de nula confianza en las autoridades encargadas de la impartición de justicia.

Estamos conviviendo silenciosamente con la violencia a nivel local-mundial y omitiendo nuestra creciente tolerancia a la misma. Como resultado de una sociedad postmoderna, en la que cada vez se abren más los tejidos sociales y desaparecen los procesos de comunicación asertiva y de noción de pertenencia a una comunidad; no podemos generar más violencia de la que crece en las calles.

Aunque la tarea no es fácil hacia una generación de cultura de la no violencia, es urgente reforzar las clases de ética y en general las humanidades, que han sido apartadas de los planes de estudio. Y al interior de los hogares educar y convivir en el respeto, el reconocimiento de la diversidad y en mejora de nuestras formas de comunicación. Pero sobre todo, recuperar nuestra capacidad de indignación ante cualquier manifestación y réplica de la violencia, e incluso del uso de ésta como entretenimiento que muchas veces es disfrazado en dosis “no nocivas” en el contenido consumido en los medios de comunicación.

Ojalá podamos cambiar este hábito silencioso de consumo de violencia por un hábito de ejercicio de la empatía y del reconocimiento de nuestra coexistencia en espacios compartidos y comunes a otros seres humanos, a pesar de lo frío de las calles en las grandes y pequeñas ciudades, de la rutina, y del agobio de la vida moderna que padecemos de cuando en cuando.