Manifestarse desde la desigualdad


La libertad de manifestación es un tema de disertación que en un contexto de agitación y cambio en Michoacán y en México en los últimos años, resulta controversial y divisor de opiniones, pero también brinda la oportunidad de replantear nuestra concepción en torno a este derecho y, desde luego, el espacio oportuno para una crítica constructiva rumbo a la disminución de la acumulación crítica de problemáticas sociales no atendidas y dolores en común en nuestro estado.

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Caminata y deconstrucción



Si caminar es dialogar con el paisaje y modificarlo, caminar es, en sí mismo, un acto artístico de deconstrucción. Solvitur ambulando. Caminar es establecer un diálogo con el paisaje y con el entorno. Caminar estimula los sentidos: mientras se camina, uno tiene que mirar a su alrededor, debe tomar consciencia de todo lo que le rodea, pues se corre el riesgo, sobre todo en la ciudad, de sufrir accidentes, ya sea vehiculares o a causa de los desperfectos de las banquetas. Al tomar consciencia de nuestro alrededor, un mundo nuevo se descubre ante nuestros ojos. Al poner atención divisamos, entre el polvo y la tierra y el pasto mal cuidado, pequeños objetos que de otra manera ignoraríamos.17
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Causalidades y casualidades: la huella del ’12


4,510 millones y contando. Con una vuelta más, se agrega otro periodo a la historia y con ello me permito ofrecerles una recopilación de acontecimientos que destacaron en algunos de los temas que este círculo cafetero se dedica a relatarle. Controversiales y divergentes, ideas utópicas o comodines inesperados; suma de esfuerzos y/o de circunstancias, hijos e hijas de lo causal y lo casual, variables que contribuirán a la construcción de este nuevo periodo: 2013 (y quizás, más allá). Sigue leyendo

Connecticut y la violencia como entretenimiento


Me da miedo que uno de estos días ya nada me sorprenda: “la indiferencia es el apoyo silencioso a favor de la injusticia”[1], pero uno pierde la capacidad de asombro conforme se avejenta o se acostumbra silenciosamente a la violencia disfrazada de entretenimiento.

Por ello, a propósito de vencer la indiferencia y por la indignación que siento ante las manifestaciones de violencia, la noticia de la tragedia en Connecticut donde 20 niños perdieron la vida en manos de un joven, me impacto e instó a escribir estas líneas. Si bien no hay mayores detalles del suceso más que los relatados en diferentes medios de comunicación y en las redes sociales; la declaración de Obama donde reconoce que sucesos de este tipo han sido frecuentes y se deben tomar medidas significativas para evitar este tipo de tragedias, genera muchos cuestionamientos.

En los últimos años, han ocurrido varios accidentes de este tipo en EUA[3], entre el listado podemos nombrar tristes sucesos como la tragedia de Collumbine de 1999, retratada en el documental del polémico director Michael Moore Bowling for Collumbine [4]. El caso del Tecnológico de Virginia en 2007, donde murieron 30 personas, y hace escasos meses, en Agosto de este año en un cine en Colorado durante la premier de la película The Dark Knight Rises[5], donde murieron 12 personas y hubo 59 heridos. Las anteriores tragedias tienen en común la facilidad para la posesión de armas y que fueron sucesos cometidos por personas jóvenes.

Este tipo de sucesos nos abre además otros cuestionamientos como el debate inconcluso en los Estados Unidos sobre la posesión de armas y cuyo tema fue sonado en la campaña de Obama de 2008; y a mayor escala el negocio del tráfico de armas que según cifras de la ONU causa cerca de 750 mil muertes al año. O a nivel micro el problema del bullying que por años ha estado presente en las escuelas, y que si bien han aumentado el número de programas y el conocimiento de éste, sigue estando presente adquiriendo nuevas formas de manifestarse como al interior de las redes sociales; y qué decir de nuestro México dónde en un proceso paulatino y casi imperceptible nos hemos acostumbrado a convivir con la violencia, en un clima de inseguridad y de nula confianza en las autoridades encargadas de la impartición de justicia.

Estamos conviviendo silenciosamente con la violencia a nivel local-mundial y omitiendo nuestra creciente tolerancia a la misma. Como resultado de una sociedad postmoderna, en la que cada vez se abren más los tejidos sociales y desaparecen los procesos de comunicación asertiva y de noción de pertenencia a una comunidad; no podemos generar más violencia de la que crece en las calles.

Aunque la tarea no es fácil hacia una generación de cultura de la no violencia, es urgente reforzar las clases de ética y en general las humanidades, que han sido apartadas de los planes de estudio. Y al interior de los hogares educar y convivir en el respeto, el reconocimiento de la diversidad y en mejora de nuestras formas de comunicación. Pero sobre todo, recuperar nuestra capacidad de indignación ante cualquier manifestación y réplica de la violencia, e incluso del uso de ésta como entretenimiento que muchas veces es disfrazado en dosis “no nocivas” en el contenido consumido en los medios de comunicación.

Ojalá podamos cambiar este hábito silencioso de consumo de violencia por un hábito de ejercicio de la empatía y del reconocimiento de nuestra coexistencia en espacios compartidos y comunes a otros seres humanos, a pesar de lo frío de las calles en las grandes y pequeñas ciudades, de la rutina, y del agobio de la vida moderna que padecemos de cuando en cuando.

La Babel de nuestros tiempos (parte 1)


And in the naked light I saw

Ten thousand people, maybe more

People talking without speaking

People hearing without listening

(Simon & Garfunkel, “Sounds of Silence”)

En “La Cultura de los Derechos Humanos y la Cosmópolis,[1] describí la Cosmópolis como un amparo contra el demasiado papeleo y la tanta burocracia que puede resultar de una cultura de los derechos humanos inculta.  La función de la Cosmópolis es utópica, en el sentido que mencionó Beto: “la Utopía tenga esa función que Eduardo Galeano le ha concedido: la función de seguir caminando.”[2]  ¿Seguir caminando hacia dónde?   Hacia lo que es mi edén,[3] hacía la enchilada completa.[4] Sigue leyendo

Contrastes (2)


[Todos los editores de Círculo de Café hemos dedicado nuestra primera entrada a la categoría de Debralles (Reflexiones y debralles), y es que no hemos acordado hacer esto, pero me parece fenomenal; es así porque con esto, mostramos a los lectores cómo reflexionamos personalmente; cuáles son nuestras vivencias, sentimientos, e inquietudes. En fin, bienvenidos sean siempre los debralles y las reflexiones.] Sigue leyendo

Pues… Nosotros los Jóvenes.


 “Todo se ha vuelto subjetivo.”

 

Me encuentro preocupado, angustiado, porque he llegado al momento en el que cada persona que pretende analizar la sociedad se topa con el llamado “Desencanto“, pues aquél que pretende analizar la sociedad encuentra su desencanto personal. Algunos lo encuentran en el gobierno, otros en las leyes, en mi caso es en la juventud. Sigue leyendo

De changos y gorilas o la brutalidad policial cotidiana


Hace pocos días, estando sentado en una plaza pública en el centro histórico de la ciudad de Morelia, fui observador casual de una detención por parte de la Policía Estatal. Debido a la calidad de Patrimonio de la Humanidad que nuestra ciudad tiene, los elementos de dicha corporación que operan en el primer cuadro se movilizan en bicicletas, lo que les permite una veloz respuesta ante cualquier hecho que pueda sucitarse. Lo anterior lo menciono porque al momento de detener al individuo, quien se encontraba en evidente estado de ebriedad, no bastaron un policía, ni dos policías y nisiquiera tres elementos de seguridad para efectuar el arresto; fue necesaria la asombrosa cantidad de diez policías, diez, para poder colocar las esposas al hombre. Cabe mencionar que al momento de ser detenido, el hombre portaba un morral de cuero, mismo que fue removido por los elementos de seguridad. El destino del bolso se desconoce, aunque no quiero pensar mal; espero que, como lo marca el protocolo, fuera entregado en los separos como parte de las posesiones del detenido. Sigue leyendo

Uno de los 40 mil o la historia de un personaje infame


“Y es que el barrio esta cabrón: la muerte o la prisión” Su mercé

Alguna vez escribía J. L. Borges en su cuento “El otro”, que su pluma se inspiraba con afán de convertir la realidad en ficción, invirtiendo la fórmula Borgiana quisiera relatar y dotar de realidad una historia de un personaje con el cual conviví ya que ahora dentro de las discusiones, diálogos y disculpas presidenciables su historia adquiere mucha importancia. Sigue leyendo