Caminata y deconstrucción



Si caminar es dialogar con el paisaje y modificarlo, caminar es, en sí mismo, un acto artístico de deconstrucción. Solvitur ambulando. Caminar es establecer un diálogo con el paisaje y con el entorno. Caminar estimula los sentidos: mientras se camina, uno tiene que mirar a su alrededor, debe tomar consciencia de todo lo que le rodea, pues se corre el riesgo, sobre todo en la ciudad, de sufrir accidentes, ya sea vehiculares o a causa de los desperfectos de las banquetas. Al tomar consciencia de nuestro alrededor, un mundo nuevo se descubre ante nuestros ojos. Al poner atención divisamos, entre el polvo y la tierra y el pasto mal cuidado, pequeños objetos que de otra manera ignoraríamos.17

Sin embargo, para conseguir arte de las caminatas, es necesario contar con una intención. Sí, es posible encontrar algo si se comienza a caminar sin un objetivo premeditado. Pero esa falta de premeditación es ya una intención. Salir a la calle sin esperar nada en particular es ya una intención. La observación que se haga del entorno, la manera en que se perciba, es ya una intención, formada, por supuesto, por las ideas o el trabajo –artístico, filosófico o de cualquier índole– que se realice en ese momento.

Caminar como diálogo con el pasado.

El ser humano tiene el hábito de comparar. Es decir, se contrasta una situación presente con una pasada, o dos situaciones presentes.

Una caminata por la ciudad (elija usted la que más le guste) se convierte en dos diálogos, uno con el pasado y otro con el presente. Mientras más tiempo se haya vivido en una ciudad, mas evidente será el diálogo con el pasado.

En la actualidad, las ciudades cambian a un ritmo aceleradísimo, a una velocidad vertiginosa. En una sociedad que está siempre hambrienta de cosas nuevas, de entretenimiento, de zonas habitables, las ciudades no tienen otra opción que crecer y cambiar. Por ejemplo: hasta la década de 1970, Morelia acababa en donde hoy se ubica el zoológico. Sin embargo, conforme los años han pasado, la ciudad ha crecido al punto de que la frontera con Tarímbaro es ya inexistente. Este crecimiento sucedió a lo largo de cuatro décadas y ha sido monstruoso.

Luego de una breve pausa en su crecimiento, hoy atraviesa por una fase similar. Jesús del Monte y San Miguel del Monte pronto quedarán dentro de la ciudad. El diálogo con el pasado sucede cuando se compara la imagen antigua de la ciudad con su imagen presente. Mediante fotografías, textos o pinturas, esto es posible. Y a partir de esta comparación se debe reflexionar y producir algo nuevo, ya sea una oda, una pintura, una nueva serie de fotografías. Una reinterpretación del contexto social o una instalación que parta de los objetos, antiguos o nuevos, que se descubren mientras se camina por la ciudad. Así, se modifica el paisaje a partir del diálogo y la deconstrucción del mismo.

Caminar como diálogo con el presente

CocaDe igual manera, mientras se recorre la ciudad a pie se puede dialogar con el presente. Se puede dialogar con la posición que se ocupa en la ciudad, con la forma en que se ubica –geográfica, política, social o hasta económicamente, por mencionar algunos aspectos analizables– la ciudad con respecto al resto del mundo.

Caminar es una de las herramientas más útiles para realizar ejercicios de introspección. Porque la caminata es, también, una metáfora del paso del tiempo. Al recorrer la ciudad, uno se mueve hacia adelante, uno genera impacto, por más mínimo que sea, sobre el sueño que pisa de la misma manera que el tiempo afecta a todas las cosas.

Con el tiempo, las ideas maduran. Y también lo hacen mientras uno camina, porque al hacerlo, el recorrido, las conexiones que suceden en nuestra cabeza, también avanzan hacia adelante. Caminar también es progreso; es contemplación y, al mismo tiempo, acción. Una textura que se observa en el piso, el contraste entre dos edificios o la interacción entre los seres que cohabitan el espacio son fuentes constantes de inspiración. El objetivo de la caminata es activar esa fuerza y lograr que las ideas eclosionen y se conviertan en una obra, ya sean textos, pinturas o instalaciones, pero que se conviertan en algo.

Caminar como diálogo con el futuro

El cerebro humano es tan poderoso que permite realizar múltiples actividades de forma simultánea. Así, mientras se camina y reflexiona sobre el presente, se puede pensar también en el futuro. La principal forma que tenemos de pensar en el futuro tal vez sea la fantasía.

Los seres humanos fantaseamos todo el tiempo. Cuando somos niños pensamos en cómo será la universidad; una vez ahí, soñamos con el trabajo que obtendremos, con el éxito, con una mujer y las infinitas posibilidades que nos ofrecen sus labios.

De esta manera, mientras caminamos y reflexionamos sobre el presente o el pasado también lo hacemos sobre el futuro. Una vez que se establece una relación entre el pasado y el presente, o entre presente y presente, de inmediato se establece una segunda relación que tiene que ver con el futuro. Puede presentarse de dos maneras. Bajo la apariencia de la pregunta ¿qué haré con esto? o ¿cómo cambiará esta [situación, paisaje, individuos, ciudad] para el día de mañana?

Responder a esas preguntas es tarea del artista, del escritor, del cronista. Para hacerlo, disponemos de diversas herramientas, y la principal es la introspección; es decir, la interiorización del entorno con el objetivo de producir una pieza que responda a esas preguntas.

Caminata y deconstrucción

Al ser la caminata un ejercicio de introspección, es ideal para practicar la deconstrucción del paisaje. La deconstrucción es un concepto, una corriente filosófica que pretende analizar un contexto social o situación a partir de la descomposición de sus elementos.

Así, para deconstruir el paisaje es necesario recorrerlo, poner atención a sus cambios y a sus contenidos. A partir de la observación se procede a la búsqueda de paradojas. Por definición, una paradoja es un hecho o acción contraria a la lógica. En el caso del paisaje, las paradojas pueden presentarse en distintas formas, como la presencia de un objeto o individuo extraño, discordante. Mediante la explotación de ese elemento nace la creación de la obra. Puede tratarse de un registro fotográfico o del traslado del elemento al texto u otro soporte.37

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de buscar paradojas? El acto creativo es social. Mediante el arte se puede dialogar con el momento histórico en que vivimos. Debe ser también un vehículo de reflexión sobre los problemas que enfrentamos. Mediante la explotación de la paradoja y el análisis de los elementos que conforman el paisaje, mediante el diálogo con el pasado, el presente u el futuro, es posible crear una obra con contenido que no sea sólo una decoración en la pared, o por lo menos realizar una exploración estética del paisaje que escape al concepto “tradicional” del término.

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