El pelado, el mexicano de ciudad y el burgués mexicano en Las batallas en el desierto


Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco se sitúa dentro del sexenio de Miguel Alemán, caracterizado por acciones que pretendían adecuar al país a las nuevas condiciones internacionales, pero sobretodo que hiciera de México un país moderno, en el que se creía estar cerca de alcanzar aquellos “mejores tiempos” de los que tanto se había hablado:

“(…) un porvenir de plenitud y bienestar universales. Ciudades limpias, sin injusticia, sin pobres,sin violencia,sin congestiones, sin basura.(…)A nadie la faltaría nada”
 
Las batallas en el desierto.

El contexto internacional era el fin de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo este México moderno, era moderno a la mexicana.

“ Mientras tanto nos modernizábamos,incorporábamos a nuestra habla términos que primero habían sonado como pochismos en las películas de Tin Tan y luego insensible- mente se mexicanizaban: tenquiu, oquéi, uasamara, sherap, sorry, uán momento pliis. Empezábamos a comer hamburguesas, pays, donas, jotdogs, (…). La Coca-Cola sepultaba las aguas frescasde jamaica, chía, limón.Los pobres seguían tomando tepache.”Las batallas en el desierto.

A lo largo de Las batallas en el desierto podemos recordar algunas de las reflexiones del filósofo mexicano Samuel Ramos dentro de “El perfil del Hombre y la Cultura en México”, publicado en 1934 a solo una década detrás del contexto mexicano descrito por Carlitos el protagonista y narrador de la obra de Pacheco, así como sus visiones de cómo cambiar paradigmas en la cultura y pensamiento mexicano rumbo a esta tarea de modernización.

“Los mexicanos han imitado  mucho tiempo, sin darse cuenta de que estaban imitando. Creían, de buena fe, estar incorporando la civilización al país.” (Ramos, 1934). El México moderno descrito por Pacheco retoma y destaca algunos aspectos de la cultura estadounidense, si bien en el México del Porfiriato se tomó la cultura francesa como referente, nuestro vecino del norte se convierte en la nueva cultura a imitar.

La imitación como uno de los caminos hacia la modernidad, ensombreció los sueños de prosperidad de una gran parte de los mexicanos, podemos pensar como explica Ramos que “Los fracasos de la cultura en nuestro país no han dependido de una deficiencia de ella misma, sino de un vicio en el sistema con que se ha aplicado. Tal sistema vicioso es la imitación que se ha practicado universalmente en México por más de un siglo.” (Ramos, 1934)

“Éramos tantos hermanos que no podía invitar a Jim a mi casa. Mi madre siempre arreglando lo que dejábamos tirado,cocinando, lavando ropa; ansiosa de comprar la lavadora, aspiradora, licuadora, olla exprés, refrigerador eléctrico.(El nuestro era de los últimos que funcionaban con un bloque de hielo cambiado todas las mañanas.) En esa época mi madre no veía sino el estrecho horizonte que le mostraron en su casa. Detestaba a quienes no eran de Jalisco. Juzgaba extranjeros al resto de los mexicanos y aborrecía en especial a los capitalinos. (…) Tanto quejarse de los militares, decía,  y ya ven cómo anda el país cuando imponen en la presidencia a un civil. Con mi general Henríquez Guzmán, México estaría tan bien como Argentina con el general Perón. Ya verán, ya verán cómo se van a poner aquílas cosas en 1952. Me canso que, con el PRI o contra el PRI, Henríquez Guzmán va a ser Presidente. Mi padre no salía de su fábrica de jabones que se ahogaba ante la competencia y la publicidad de las marcas norteamericanas. Anunciaban por radio los nuevos detergentes: Ace,Fab, Vel, y sentenciaban: El jabón pasó a la historia. Aquella espuma que para todos (aún ignorantes de sus daño)significaba limpieza, comodidad, bienestar y, para las mujeres, liberación de horas sin término en el lavadero, para nosotros representaba la cresta de la ola que se llevaba nuestros privilegios.” 
 
Las batallas en el desierto.

Sin embargo, el proyecto de nación emprendido por Miguel Alemán, se sustentaba, como Ramos comparte, en que si algo es digno de ser imitado es porque vale la pena y explica que quizás la razón de la mímesis es la incomprensión del valor de la propia cultura y a manera  de mecanismo de defensa, el mexicano crea una apariencia de cultura. “Esta teoría del mimetismo mexicano demuestra que no proviene de la vanidad, puesto que el vanidoso busca el efecto de sus apariencias en los extraños, mientras que el mexicano explota él mismo el efecto de su imitación.” (Ramos, 1934)


Las batallas en el desierto retrata el camino hacia la modernización con un toque de ironía, leído a manera de retrospectiva de un México que no nos tocó vivir, logra tocar una fibra dentro de nosotros que a veces nombramos identidad, ese algo que compartimos cuando nos denominamos mexicanos. Samuel Ramos para presentar un psicoanálisis del mexicano, se refiere a tres figuras con rasgos particulares: el pelado, el mexicano de la ciudad y el burgués mexicano; podemos observar las tres figuras plasmadas dentro de Las batallas en el desierto.

“(…) Llamé indio a Rosales. Mi padre dijo que en México todos éramos indios, aun sin saberlo ni quererlo. Si los indios no fueran al mismo tiempo los pobres nadie usaría esa palabra a modo de insulto. Me referí a rosales como “pelado”. Mi padre señaló que nadie tiene la culpa de estar en la miseria, y antes de juzgar mal a alguien debía pensar si tuvo las mismas oportunidades que yo.”
 
Las batallas en el desierto

Del pelado Ramos escribe que: “Es un individuo que lleva su alma al descubierto, (…) El “pelado” pertenece a una fauna social de categoría ínfima y representa el desecho humano de la gran ciudad. En la jerarquía económica es menos que un proletario y en la intelectual un primitivo, (…) su actitud ante ella es de un negro resentimiento. Es un ser de naturaleza explosiva, (…) Sus explosiones son verbales y tienen como tema la afirmación de sí mismo en un lenguaje grosero y agresivo. (Ramos, 1934)


Pacheco describe a la capital en crecimiento y al renovado o en formación capitalino “el mexicano de la ciudad” (que difiere de perfil psicológico al mexicano de campo). Éste aparece en su obra en personajes como la madre y el padre de Carlitos. Las razones de la dramatización de la historia de la infancia de Carlitos se pueden explicar con una de las características que Samuel Ramos describe dentro del perfil psicológico del mexicano de ciudad, la desconfianza; al respecto Ramos dice “Tal actitud es previa a todo contacto con los hombres y las cosas. Se presenta haya o no fundamento para tenerla.”


Y es que los constantes choques culturales entre los distintos personajes de Las batallas en el desierto, adquieren una dimensión mayor en tanto nos detenemos a mirar la cotidianidad en la que están sumergidos y la simpleza de su pensamiento mezclado con algunos fundamentalismos de la moral, bajo las nuevas dinámicas de la capital y el México en proceso de modernización. Es entonces que hace sentido la reflexión de Ramos entorno a que  “La vida mexicana da la impresión, en conjunto de una actividad irreflexiva, sin plan alguno”  (Ramos, 1934) por ello “cuando el individuo se siente flotar en un mundo inestable, en que no está seguro ni de la tierra que pisa, su desconfianza aumenta y lo hace apresurarse por arrebatar al momento presente un rendimiento efectivo” (Ibidem)


Ramos también comenta que ligada a la desconfianza está la susceptibilidad, la cualidad del mexicano de ser hipersensible; Carlitos, después de haber sido fuertemente reprendido por actuar bajo su inocencia e ilusiones de niño en un enamoramiento idílico con Mariana, altera el orden de la casa porque el niño no se conduce a sí mismo como sus círculos sociales esperan que lo haga.

“Mi madre insistía en que la nuestra – es decir, la suya- era una de las mejores familias de Guadalajara. Nunca un escándalo como el mío. Hombres honrados y trabajadores. Mujeres devotas, esposas abnegadas, madres ejemplares. Hijos obedientes y respetuosos. Pero vino la venganza de la indiada y el peladaje contra la decencia y la buena cuna.”
 
Las batallas en el desierto.

El drama generado en torno a la figura de Mariana, madre soltera y casa chica de un reconocido político mexicano se acentúa a razón de las características antes mencionadas porque altera las buenas costumbres y porque Mariana sale de la descripción de lo que sería una mujer decente, por ello a pesar de la inocencia de Carlitos al confesarle a Mariana su enamoramiento y de la cordial respuesta de ella ante su declaración, las consecuencias del atrevimiento del niño generan ofensa ante los ojos de su madre y padre : “Aun cuando los hechos no lo justifiquen, no hay anda en el universo que el mexicano  no vea y juzgue a través de su desconfianza. Es como una forma a priori de su sensibilidad.” (Ramos, 1934)


Ramos explica que la desconfianza y susceptibilidad provienen de la inseguridad de sí mismo, instintos para proteger al <<yo>> , y se atreve a afirmar que la mezcla de inseguridad que provoca desconfianza, es a su vez el esfuerzo de mantener verdades ocultas “ya que sobrepone a ellas una imagen de sí mimo que no representa lo que es, sino lo que quisiera ser” (Ibidem)


Esto abre una reflexión sobre la alta preocupación del “qué dirán”, pregunta acentuada en la clase media o media alta mexicana, como explica Ramos a través de la figura del burgués mexicano: “La diferencia psíquica que separa a la clase elevada de mexicanos de la clase inferior, radica en que los primeros disimulan de un modo completo sus sentimientos de menor valía, porque el nexo de sus actitudes manifiestas con los móviles inconscientes es tan indirecta y sutil, que sus descubrimiento es difícil.” (Ibidem)


El burgués mexicano “Tiene una susceptibilidad extraordinaria a la crítica, y la mantiene a raya anticipándose a esgrimir la maledicencia contra el prójimo. Por la misma razón, la autocrítica queda paralizada.” (Ramos, 1934)

“Todos somos hipócritas, no podemos vernos ni juzgarnos como vemos y juzgamos a los demás. Hasta yo que no me dabacuenta de nada sabía que mi padre llevaba años manteniendola casa chica de una señora, su ex secretaria, con la que tuvo dos niñas.”
 
Las batallas en el desierto.

A su manera, Ramos y Pacheco han descrito algunos elementos del perfil y de la cultura del mexicano, y nos hacen tocar esa fibra sensible que nos hace cuestionarnos qué rasgos compartimos bajo la idea de identidad cultural, y si sus propuestas siguen vigentes.


Referencias


Pacheco, José Emiio. Las batallas en el desierto. México, 1981. Ediciones Era.


Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México. España, 1934. Editorial Planeta Mexicana.


					
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Un comentario el “El pelado, el mexicano de ciudad y el burgués mexicano en Las batallas en el desierto

  1. losublimees dice:

    Reblogged this on adrianasolis and commented:
    Una colaboración en el blog colectivo @circulodecafe sobre psicología del mexicano en el libro de José Emilio Pacheco: Las batallas en el desierto

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