Animarse a emprender: Adaptarse o morir en el intento. Parte II


Suele pasar, que el término “innovación” se toma muy a la ligera en los discursos políticos, empresariales o académicos. Se habla de ella como un estado ideal, remoto en tiempo y espacio, propio de otros (como Suiza o Hong Kong) al cual seguramente llegaremos a fin de sexenio o todo lo contrario, de acuerdo a quien lo pronuncie ¿Cuántos de nosotros hemos tenido el gusano de emprender? Le garantizo que en algún proyecto, escolar o de cualquier índole, ha llegado a desarrollar una idea que, de ser pulida, hubiera sido fuente de riqueza material y humana. Esa chispa que hemos tenido, seguramente más de una vez, es la innovación.[1]

Pero la política económica en México,ciertamente no es una orientada hacia el fomento de ésta o al desarrollo empresarial -por más que lo mencionen en el discurso-. Esto no quiere decir que no se hayan hecho esfuerzos significativos para apoyarla como el portal ya mencionado (tuempresa.gob.mx), la banca de desarrollo, hoy una pálida representación de lo que fue a principios de los 90’s (que representa el 1.3% y 1.7% de los préstamos a pequeñas y medianas empresas) el Fondo PYME o la existencia de varias incubadoras y aceleradoras de negocios por parte de gobiernos y universidades.

Sin embargo, parecería que a pesar de la alternancia, seguimos fieles al dicho de un viejo político priista: “la mejor política industrial es la que no hay”. Esta línea marcada por la doctrina del liberalismo económico tiene como requisito principal la no intervención del Estado ya que genera distorsiones, incentivos negativos e ineficiencias en el mercado, dejando de generar el mejor resultado para los consumidores. Para ellos, más que no intervenir es ser totalmente ajeno al juego[2], siendo solamente proveedor de infraestructura y seguridad, lo demás, es dominio de la mano invisible y quizás, un poco, de la sucia mano de la corrupción. Por ello es que los esfuerzos en materia de innovación carecen de una visión estratégica y son más bien, ejercicios esporádicos y aislados.

Una falla importante de esta “no línea” radica en la falta de apoyo para detonar sectores clave de la economía a través de la coordinación y financiamiento, en especial al capital de alto riesgo (venture capital). El anterior es responsable en Estados Unidos del 80% de la inversión en los mercados tecnológicos, de comunicaciones y biomédicos. Por ejemplo, a dicho capital se le atribuye la detonación de la “economía de garaje”, aquella que hizo surgir la gran industria de las TIs que hoy conocemos (empresas como Google, Apple o Microsoft así comenzaron) donde un puñado de aventurados empezaba con un pequeño taller en el garaje o el patio trasero de las casas de sus madres, desarrollando empresas que hoy valen millones de dólares. Por otro lado, esto nunca hubiera sucedido de no haber sido por la inversión del gobierno estadounidense en investigación tecnológica pues gracias a organismos como DARPA, universidades y centros de investigación, fue que se creó algo tan cotidiano y acaudalado como el internet y fue puesto a disposición de la sociedad.

Por otro lado, la industria privada tampoco es un mundo perfecto; a pesar de llamarse paladines de la innovación son muy pocas aquellas que fomentan la participación de sus empleados en la mejora empresarial a través del intrapeneurship o emprendedurismo interno así como de una cultura organizacional democrática y de gobierno corporativo.

Las universidades por su lado, se mantienen un tanto distantes de las necesidades del sector productivo y a pesar de que existen algunas que registran patentes constantemente y llevan a cabo investigación de alta calidad, la vinculación que se tiene con el sector público y privado se ve más como un milagro que una costumbre y la educación en algunas instituciones ha perdido su valor humano y científico para concentrarse en el comercial.

El remarcar el papel que han desempeñado en México estos actores nos lleva a hablar de la carente vinculación entre ellos, la cual, cuando se lleva acabo, genera un clima apto para la innovación, creando un efecto multiplicador donde los actores micro y macro se aceptan como parte de un sistema más grande, manifestándose las nuevas ideas como una propiedad emergente del mismo y no tanto una relación lineal y unidireccional de causa-efecto como se ha querido plantear (por sí solo, más gasto en ciencia y tecnología no es igual a mayor innovación).

Hablando un poco de estadística y desempeño económico, cabe mencionar que a pesar de que se han seguido al pie de la letra las políticas sugeridas por los organismos multilaterales, especialmente en materia de desrregularización y libre comercio, seguimos obteniendo calificaciones extremadamente fluctuantes.

En lo que se refiere a burocracia, al 2012, existen avances significativos pues se requieren en promedio de 6 trámites para iniciar una empresa, número debajo del promedio Latinoamericano de 9.7 y cercano al  5.7 de la OCDE; estos tomaban a su vez, 28 días hasta antes de la más reciente reforma; hoy son 9 días cifra muy competitiva contra los 64.5 de América Latina y los 13.4 días del promedio de la misma organización.

La inversión per cápita en I&D y como porcentaje del PIB, a pesar de que ha crecido a ritmos relativamente altos, nos sigue dejando muy por debajo del promedio de 2.5% de la OCDE, con un poco más de 0.5%[3] mientras que países como Israel llegan casi al 5.0 %. La fuente principal de este financiamiento es el gobierno y muy cerca la empresa privada, mientras que las universidades son sólo el 7.9% de esta.

De igual forma, la inversión en capital de riesgo es también una de las más bajas de la OCDE. Somos el 6° lugar pero de abajo para arriba, entre Austria y Grecia, de nuevo, muy lejos de Israel, el Reino Unido o Suecia. Los bancos ponen bastantes barreras para conseguir un préstamo (2 años de existencia) y se crea un círculo vicioso de no préstamo-no inversión-no creación-no cumple con los requisitos.[4]

Pero el panorama para la empresa nueva no es tan desolador. Cada vez el consumidor se reconoce como el principal agente del mercado, el canalizador fundamental de la riqueza hacia x o y empresa. Deja de ver la ventaja económica inmediata para ver la economía como un todo que se retroalimenta y donde hay que elegir bien que tubo se lleva qué dinero. Esta tendencia se ve manifestada en productos que se venden ya como socialmente responsables y/o nacionales, los cuales apelan a la solidaridad del consumidor a la vez que entregan una promesa de calidad por ser de dicho origen.[5] Ya no es tan atractivo gastar en la gran empresa o tienda de autoservicio, cada vez se busca más ese regreso al origen, al café de la esquina en lugar de ir a Starbucks.

Esta es una tendencia positiva para el mercado, no porque el acaparamiento de la riqueza es forzosamente malo, sino porque permite una redistribución más rápida de la misma, cercana a la mitad de la pirámide y genera un clima propicio para usted emprendedor, donde el consumidor se cansa de la estabilidad que han traído consigo las grandes cadenas y busca lo nuevo y atrevido. Está dispuesto a buscar en otro lado.   Algunos le llaman consumo solidario, prefiero decirle consumo consciente.

Finalmente, como dijo Galileo Galilei “y sin embargo [usted emprendedor] se mueve”. Se aventura en esta maraña de complicaciones, estadísticas, crisis y contradicciones. Se apropia de un proyecto, anticipa las tendencias y pasa rápidamente a la acción. Busca los recovecos del sistema donde hay lugar para usted, no importa si es un banco, el gobierno, una incubadora o su misma familia, el asunto es salir adelante y trazar su propio camino.

Quizás el emprender pinte como una aventura para el audaz y el intrépido; lo es. Quizás parezca una misión con bajas probabilidades de éxito, llena de espinas, tropiezos y obstáculos; no se desanime. Existe luz al final del túnel, donde usted, el que supero todo aquello, se convierte en fuente de riqueza, para los demás y para usted mismo. Aún ahí el camino no habrá terminado, dicen que el trabajo del emprendedor termina hasta que él, se termina.

Cambiar las políticas en materia de innovación es un reto titánico, pero mientras tanto, necesitamos de esa avidez que poseen los innovadores y visionarios pues somos el principal motor de desarrollo del país. Recuerde, ser emprendedor no es solamente tener una empresa con fines de lucro; dentro de este campo también están los gobiernos, asociaciones civiles y  empresas ya existentes, a través de sus dueños y/o trabajadores.

Para cerrar, le recomiendo el siguiente ejercicio: en su dominio de competencia (trabajo, escuela o comunidad), si usted pudiera crear, cambiar o mejorar algo ¿qué sería? La respuesta dejará la semilla del emprendimiento en usted. Luego, despójese de cualquier miedo o prejuicio y trace una ruta hacia el futuro de lo que acaba de imaginar. Finalmente,  regrese al hoy y como emprendedor que tiene el potencial de ser, actúe en consecuencia, por su bien primero que nada, pero también por el de nuestro país.

Algunas fuentes consultadas:

OECD Reviews of Innovation Policy, MEXICO. 2009.

http://www.oecd.org/site/innovationstrategy/measuringinnovationanewperspective-onlineversion.htm#today

http://articles.latimes.com/2012/dec/27/opinion/la-oe-janeway-innovation-govt-investment-20121227

http://www.heritage.org/index/ranking

http://consulta.mx/web/images/otrosestudiospdf/20120717_BancoMundial_Doing_Business.pdf


[1] Si desea, puede atenerse a una definición más rigurosa en la que se entiende por innovación la mejora de un producto y/o proceso.

[2] Véase desregularización de los mercados financieros en EEUU

[3] El planteamiento de EPN para aumentar al 1% este gasto es interesante, pero no suficiente.

[4] Cabe destacar que si existen préstamos para nuevas empresas pero con altas tasas de interés o requisitos que son, muchas veces, difíciles de conseguir.

[5] Para un ejemplo concreto de esto, vea el modelo de negocios de “Café Punta del Cielo”.

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Un comentario el “Animarse a emprender: Adaptarse o morir en el intento. Parte II

  1. carlos samaniego dice:

    El asunto de las ineficiencias también radica en que se puede tener la Visión de una Política Pública enfocada a los emprendedores pero, paradójicamente, los que tienen que instrumentar la nueva Política Pública resulta que también son emprendedores de Políticas que como dije: solo tienen la Visión o más adecuadamente, La Inspiración. La gran falla está en que no saben ni prueban como instrumentarla porque no la pusieron en prácticas previas, resultando cada intento de un emprendedor, en un ejercicio de “puesta en marcha” de la Política Pública y al igual que llega el fracaso del 80% de los emprendedores melatistas, también llega el fracaso del 80 o mas por ciento de los emprendedores que salen derrotados ante el primer trámite. Instrumentar exitosamente una Política Pública requiere entonces tener resueltos los problemas a que se va a enfrentar en de cada tramo de control. De no ser esto, el emprender algo se convierte en Deporte Extremo!

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