El síndrome reformista


2.4 millones de personas como usted y como yo, al día de hoy, no tienen trabajo[1]. De aquellos que tienen la suerte de ejercer uno, 29.4% carece de cualquier beneficio de seguridad social y su empleo es precario. Aproximadamente 240,000 de estas personas no tienen experiencia en el sector laboral, los llamados de manera despectiva, ninis.

Antes de hacer cualquier tipo de reflexión respecto de si la iniciativa de Felipe Calderón resolverá este problema hay que englobarla en el marco correcto: 1) Estamos ante una crisis estructural de la economía y la política, tanto global como nacional; 2) A los desempleados mexicanos se les expone a una alta vulnerabilidad (económica, familiar, alimentaria, social y de seguridad) y por último (y para algunos un poco ingenuo) 3) Cada uno de esos 2.4 millones de personas deben de ser tomados más que como una estadística, son seres humanos y si nosotros queremos ser considerados como tal, debemos de priorizar el que se mejoren las condiciones de vida de cada uno de ellos.

La reforma estructural al mercado de trabajo mexicano enviada por el co-comandante de la silla presidencial (la otra mitad es EPN) ha sido calificada por varios actores como parte de la solución a los problemas económicos del país, se ha dicho que incrementará las posibilidades de contratación a las empresas, implementaría la democracia sindical y agregaría agilidad al mercado laboral.

Todo esto suena idílico pero los políticos encargados del apoyo de esta iniciativa en el ejecutivo y el legislativo han demostrado, de nuevo, su poca capacidad para realizar un análisis económico, social y político certero.

Económicamente, no se abre la posibilidad de contratar a más personas bajo el esquema del contrato por hora pues tal y como marca la iniciativa, el pago total de una jornada de trabajo no debe de ser menor al pago de un salario mínimo por jornada, o mejor dicho, a un trabajador se le pagaría lo mismo si acude 1 hr, 2, 5 o hasta la jornada laboral completa. Peor aún, este esquema ya está contemplado en la actual LFT[2] bajo el concepto de “pago por unidad de tiempo” en su art. 83. Es más, aunque se abriera totalmente el mercado, quitando el salario mínimo, no existe capacidad del sector productivo para absorber ni a los 240,000 jóvenes sin empleo por lo que el único resultado son y serían empleos más precarios.

Así pues, la reforma dice fomentar las prácticas legales y solidarias en el outsourcing lo cual es, en teoría, positivo pero por otro lado, penaliza cuando dichas empresas son utilizadas para contratar a alguien que desempeñaría una tarea esencial para el producto o servicio que realiza la empresa, atacando varias fuentes de trabajo existentes a través de este mecanismo y además, utiliza términos muy ambiguos como el de “actividades principales”.

Hay que recordar que las leyes y regulaciones laborales buscaron, en un principio, restablecer el equilibrio obrero-patrón, el cual se había inclinado totalmente hacia el lado empresarial a partir de la revolución industrial y se restauró de manera parcial hasta finales del siglo XIX y principios del XX con la aparición de los sindicatos y la posterior emisión de reglas de juego justas en forma de leyes y contratos colectivos de trabajo. Toda ley referente al tema debe de, al menos, intentar restaurar este equilibrio. En México, tenemos temas rotos, con sindicatos corruptos, patrones abusivos y obreros aprovechados y esta reforma “estructural” no hace más que profundizar los desequilibrios y atacar coyunturas.

Un claro ejemplo de esto es la impartición de justicia a través de las JCyA[3] donde se le pagará como máximo un año de salarios caídos[4] al ex laborante bajo el pretexto de evitar la prolongación de los juicios – fomentada de manera corrupta, “en favor” del trabajador pero sobretodo de algún funcionario  – y el pago de todos los años de salarios caídos generados durante este. Pero regresemos a uno de los planteamientos iniciales: la gente responde a incentivos, lo único que hacen es trasladar el incentivo de entrar en la corrupción del trabajador al patrón.

El verdadero problema estructural de esta cuestión (y muchas otras) es la impartición de justicia pero al parecer, el ejecutivo decidió dejarlo de lado y prefirió que en lugar de aplicar mal la ley actual, se aplique mal una ley nueva.

Otro clásico desequilibrio, probablemente algún lector se sentirá identificado, es la amenaza patronal de “si tu no quieres el empleo, hay muchos otros detrás de ti” que ha llegado a ser utilizada como chantaje para aceptar prácticas abusivas ¿lo atacan o intentan solucionar? No, incluso, incrementan el riesgo de rotación laboral, sobre todo en los empleos donde se requiere mano de obra barata a través de los contratos de capacitación o prueba.

Referente a estos últimos, se dice que ayudarán a que personas sin experiencia la adquieran e incluso, agilicen su entrada al mercado laboral, pero, como ya lo he mencionado, no existe capacidad del sector productivo para absorber semejante tarea, su incremento sería marginalmente bajo y no ataca el problema de raíz.

Otro de los argumentos que se dicen fuertes a favor de la reforma es que aportará mayor competitividad al país y nos permitirá destacar entre un ambiente generalizado de crisis además de que son políticas recomendadas por el Banco Mundial y el FMI. El grave problema es que basa la estrategia mexicana de competitividad en atraer inversiones gracias a la mano de obra barata y no por factores tecnológicos o productivos[5] lo cual resulta en que la mayoría de los empleos serían de mala condición ¿Es realmente esto lo que queremos para el país? No lo creo. Algunos dirán que es mejor ganar 1 peso que ninguno, pero ya que estamos cambiando la estructura de las cosas ¿no sería mejor ganar 2?

La reforma laboral parece otorgar facilidades para que aquellos que se manejan en el mercado informal de trabajo, se incorporen, ya sea a través de la búsqueda de nuevo empleo (que sería mínima) o mediante la “actualización” de su estatus por parte de la empresa o ente para el que laboran. Sin embargo, el costo de las prestaciones se cargaría en mayor parte a la disminución del salario neto del trabajador que al incremento bruto que sufriría y que tendría que pagar el empleador ya que, en estas cuestiones, el más necesitado de cierto bien (trabajo en este caso) es el que carga más con el costo adicional. [6]

La manera en que se ha impulsado la reforma también es muy criticable.

Doce años, tuvo el Partido Acción Nacional para impulsar una ley de esta índole, tuvo mayorías en el Congreso y posibilidades políticas para sacar adelante una reforma estructural que incluyera puntos clave (democracia sindical) pero por alguna razón, decidió hacerlo en el ocaso de sus dos mandatos lo cual resulta en dos suposiciones: o el Presidente es muy ingenuo o simplemente se está lavando las manos, sabiendo que puntos clave que atacarían a intereses de los cuales él se ha beneficiado no serían aceptados.

La democracia de un país no reside en que estemos informados de lo que pasa sino en la participación e involucramiento de los sectores afectados (stakeholders) en la administración y reforma de dichos. Esta iniciativa está, apenas, consultando a dichos sectores lo cual le resta legitimidad, fuerza y sobretodo, rigor en el fondo, la forma y las maneras en que se está cabildeando.

Ahora, no todo en la reforma es negro y se incluyen puntos que, de ser aprobada, nos incorporarían en materia de derechos humanos y vida laboral a una corriente progresista. Tales son la paternidad responsable, el pago de salarios caídos en caso de fallecimiento a parejas del mismo sexo, la protección al trabajador en situaciones de acoso o el incorporamiento del trabajo a distancia como un concepto legal.

Pero el más importante de ellos es el postulado de que todo mexicano y mexicana y tiene derecho a un trabajo decente, refiriéndose a la definición de la OIT[7]. El único problema, sería la definición del concepto decencia ante un tribunal y que debería de especificarse o de menos, dar un marco de referencia pero en sí, que este concepto se incluya es un paso agigantado.

Dicho lo anterior, podemos ver que la reforma es un caballo que cojea de tres patas: no mejora las condiciones de trabajo, no propicia situaciones más propicias para la inversión de nuevo capital y lo peor de todo, no es para nada, estructural. Lo que se requiere es si, agilizar el mercado laboral pero protegiendo al trabajador, lo cual se hace a través de redes de seguridad social efectivas con las cuales México no cuenta (por ejemplo, seguro de desempleo o desempleo friccional a niveles saludables). De hecho, este concepto se conoce como flexiseguridad y ha permitido a muchos países avanzar en materia de competitividad y condiciones de empleo.

México si necesita reformas pero no cualquiera y no por el hecho de decir reforma es algo positivo. Peor aún, algunas de las modificaciones intencionadas son aquellas que en otros países han causado la crisis que hoy vemos (España recibió la misma receta laboral hace un año). Por el momento, sólo nos queda esperar y analizar, dentro de pocos días veremos si se queda o no en el congelador la iniciativa (como amenazó el PRI). La solución a los problemas del país puede parecer sencilla pero hoy tenemos que vivir con políticos, en su mayoría, sin profesionalismo y sin visión de futuro

Todo esto lo dejo a su reflexión y espero que mueva fibras delicadas y se propicie a un debate aún más grande no sólo de la reforma laboral si no del fondo del cual emana y de las formas en cómo se ha trabajado. Vivimos en un capitalismo liberal en crisis ¿por qué acercarnos aún más a esta corriente? ¿Por qué no mejor crear nuestro propio marco legal y que sirva a nuestros intereses de desarrollo como nación en un contexto global?  Y entonces ¿Qué estamos presenciando en la cámara? Responder o intentar hacerlo llevaría demasiadas suposiciones. Lo que sí es que, si está será la forma de trabajar de la nueva legislatura estamos ante un panorama trabado, que pasará factura en otros temas importantes, pero sobretodo, a los 2.4 millones de personas (y aumentando) que hoy y mañana están desempleadas y corren el riesgo de sumarse a las filas del crimen organizado (otro gran problema del país).


[1] Tasa de desocupación: personas que buscan empleo y quieren trabajar pero no lo obtienen.

[2] Ley Federal del Trabajo

[3] Juntas de Conciliación y Arbitraje.

[4] En caso de despido injustificado

[5] Tecnologías de la información, economías de escala, mano de obra altamente calificada.

[6] Para mayores referencias, revisar el concepto económico de elasticidad e impuestos.

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2 comentarios el “El síndrome reformista

  1. Beto Rojas dice:

    Excelente artículo.. me quedo con “la reforma no tiene nada de estructural”.. habrá que sugerir a nuestros políticos que revisen su empleo de la palabra “estructura”.. y esta revisión incluiría prácticas demagógicas que los embarra hasta los huesos.. saludos..

  2. Araceli Molina López dice:

    Definitivo! La reforma seguiría beneficiando a los que menos necesitan de beneficios. Felicidades, buen artículo.

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