La Cultura de los Derechos Humanos y la Cosmópolis


Hace tres semanas, en las instalaciones del Instituto Tecnológico y Estudios Superiores de Monterrey campus Morelia, hubo dos ponencias relacionadas con los derechos humanos y la necesidad de una reforma penal en México.  Como un buen alumno, tomé algunos apuntes y me gustaría compartir unas reflexiones con ustedes lectores del Círculo de Café.

El martes 24 de abril el Dr. José María Cázares Solórzano, Presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Michoacán, impartió la plática “Situación Actual de Los Derechos Humanos de los Detenidos en Centros Penitenciarios en México.”  Cázares Solórzano, quien fue electo presidente de La Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) en Michoacán en diciembre del 2011 por 33 de 39 votos en el Congreso del Estado, dio a conocer en su conferencia que muchos reclusorios carecen de las instalaciones adecuadas y equipo necesario para dar un trato humano a los detenidos.  La sobrepoblación que hay en la mayoría de las prisiones del país es alarmante.  Añadió que de enero a la fecha, la CEDH ha recibido más de 70 quejas por violaciones a los derechos humanos, e insistió que no el pueblo mexicano no llegará a una cultura de derechos humanos sin reconocer que el sistema penitenciario nacional presenta grandes problemas estructurales y requiere modernizarse, pues no cumple con los requisitos para lograr la readaptación social.

El miércoles 25, un día después, estuvo el Licenciado Ernesto Canales, Presidente del Grupo Renace y fundador de la Red Nacional de Organizaciones Civiles de Apoyo a los Juicios Orales y el Debido Proceso.  Por su parte, el Lic. Canales habló de una necesidad de una reforma penal “desde abajo” a través de un movimiento de la ciudadanía.  Dijo que el sistema de aplicación de justicia en México es “intrínsecamente ineficiente” y lleva “muchas fallas,” por ejemplo alrededor del 50% de los encarcelados no han sido condenados.  Comentó que la privatización del sistema de las cárceles no iría a las raíces del problema, y por eso insistió en tener una mirada amplia.

Las fallas, la ineficacia, las detenciones ilegales, la violación al derecho de petición en prisión, el impedimento de visita familiar, la incomunicación, las amenazas y las agresiones, pueden y deben causarnos asco e indignación.  La filósofa Rubí de María Gómez ha notado que en México muchas mujeres padecen enfermedades neurológicas crónicas (epilepsia, dolor de cabeza, migraña, ansiedad, vértigo o depresión) y que no responden a tratamientos médicos porque el origen del padecimiento radica en la violencia familiar.[i]

¿Qué deberíamos hacer?  ¿Es posible una reforma penal eficaz sin entender los derechos humanos?  ¿Es posible entenderlos y descubrir nuevas posturas para fundamentar nuevas políticas públicas sin entender la historia de la filosofía política moderna?  ¿Es posible entender la historia de la filosofía política sin una reforma en la educación?  ¿Se puede reformar la educación sin una filosofía de la persona como un ser cultural y regional?  ¿Estoy dando vueltas?  Me parece una labor enorme.  ¿Por dónde empezamos?

Allí están: siete preguntas.  ¿Quién quisiera atreverse a subir al escenario para contestarlas en un monólogo?[ii]

El Dr. Cázares Solórzano y el Licenciado Canales ya han empezado, y sus esfuerzos son sumamente importantes.  Me parece correcta la postura de Canales: nos urge una reforma penal, y las 70 quejas que ha recibido la CEDH merecen atención inmediata.  Están sufriendo muchas personas injustamente.  Estamos en una crisis.

Existe otro quehacer, con la misma importancia que una reforma penal y la resolución de las quejas, que tiene que ver con el promover, junto con una “cultura de los derechos humanos,” una “cultura de la cultura.”  Este es el quehacer de la educación desde el kínder hasta el pos-grado, el de formar ciudadanías éticas y con una visión humanística.

Qué fácil fue ahora mismo teclear las ocho palabras que constituyen la frase “formar ciudadanías éticas y con una visión humanística.”  Qué tan fácil es para ti, mi querido lector, leer las mismas palabras.  ¿De qué carajo estoy hablando?  Estoy hablando de una posibilidad futura mediada por el esfuerzo de un conjunto de personas suficientemente locas para vivir las siete preguntas, por lo menos, por unos diez años sino más.

En otra ocasión he escrito sobre la noción de “Cosmópolis” del economista-físico-matemático-filósofo Bernard Lonergan (1904-1984).  En su magnum opus Insight describe ciertas propiedades y aspectos de Cosmópolis:

Está por encima de toda política. (…) se interesa por hacer operativas las ideas oportunas y fructuosas que de otra suerte serían ineficaces (…)  Es eminentemente práctica al ignorar lo que se considera realmente práctico (…) es un distanciamiento de la practicidad para salvar a la practicidad (…) es una aprehensión penetrante de los orígenes históricos, un descubrimiento de las responsabilidades históricas (…) convoca a las vastas potencialidades y energías contenidas de nuestro tiempo a contribuir a su solución, mediante el desarrollo de un arte y una literatura, un teatro y una radiofonía, un periodismo y una historia, una escuela y una universidad, (…) Por último, (…) la característica principal (…) No es algo fácil.[iii]

Aunque no es fácil vivir la locura, sin Cosmópolis una reforma penal fácilmente podría volver en una mera “reformita,” y una cultura de los derechos humanos fácilmente podría crear mucho papeleo y mucha burocracia sin los resultados esperados.

Sabemos que no existen hombres o mujeres universales, ni países ni culturas universales.  Igual, sabemos que los derechos humanos no pueden interpretarse ni aplicarse a sí mismos.  Su interpretación y aplicación requieren gente con una mirada amplia para “tropicalizarlos” en una situación particular y concreta.  ¿No es esto lo que estamos viendo hoy en día con el caso de Florence Cassez?  Ni ella ni su caso es universal.

Una interpretación o aplicación de los derechos humanos carente de miradas amplias resultará “abstracta” en el peor sentido de la palabra.  Como afirma Hannah Arendt: “la paradoja implicada en la declaración de los derechos humanos inalienables consistió en que se refería a un ser humano ‘abstracto’ que parecía no existir en parte alguna.”[iv]

Cuando escucho la palabra “universal” pienso en la Weltgeist de Hegel, además en lo que Lyotard escribe sobre el fin de tal meta-narrativa como Phänomenologie des Geistes (1807) de Hegel.  En nuestro inexorable mundo plural, pensadores como Lyotard no creen en el conocimiento especulativo ilimitado y de prácticas emancipadoras ilimitadas – las grandes ilusiones de Hegel y Marx respectivamente.[v]  Los constructos “Occidente” y “Oriente” no engloban a las mujeres de América Latina; los constructos hombres y mujeres mexicanos no engloban culturas regionales; las culturas regionales no engloban ni clases socio-económicas, ni edad, ni ideología política.  Las singularidades de hombres y mujeres reales nos pueden marear, ¿no?

A lo mejor el afirmar que los derechos humanos son universales no es tomar una postura filosófica cien por ciento hegeliana, pero hay que reflexionar entonces: ¿cuál es la postura?  ¿Cuál es mi postura?  ¿Cuál es la tuya?  ¿Es nuestro discurso moderno sobre “la libertad” y “los valores” el mismo discurso?  Y si es el mismo, ¿es el discurso parte de un balbuceo?[vi]

Desde luego la proclamación y defensa de derechos humanos universales no es la única postura.  De hecho, la afirmación de los derechos humanos universales y neutros puede ser contradictoria, como afirma el filósofo mexicano Luis Villoro: “la existencia de valores universales, cognoscibles con independencia de las culturas particulares, resulta contradictoria.”[vii]  Es más, tal afirmación refleja una postura implícita con respecto a la filosofía de: (i) la historia de la filosofía política moderna y (ii) la historia de la filosofía de los derechos humanos modernos.  ¿“La filosofía de la historia de la filosofía de “x”?  ¿¡A poco!?

La idea filosófica del ser humano implícita en la Declaración de los Derechos del Hombre (DDH) plantea ciertos atributos abstractos y formales concebidos en una época definitiva.  Es un documento sumamente “moderno,” y por lo tanto solo integra atributos y cualidades formales sin atender a los rasgos particulares, por ejemplo la corporalidad.  La epistemología implícita en la DDH y que vienen de las obras de Locke, Hobbes, Rousseau y Kant no toma en cuenta el “preguntarse encarnado”[viii] ni diferencias de género o cultura.  El “Ich Denke” (yo pienso) tan importante en la Critica de la razón pura de Kant no es un sujeto humano.  Los fundadores de nuestro discurso sobre derechos humanos universales no tenían un “compromiso personal y crítico hacia sus propias determinaciones culturales.”[ix]

Con respecto a la filosofía política moderna al fondo de DDH, nos podemos preguntar:

1)    ¿El individuo existe previamente a la sociedad?

2)    ¿Cuál es la fundamentación de nuestra creencia moderna de que yo tengo un derecho inherente no solo a mi propia vida, sino también a mi propiedad y a la búsqueda de mi felicidad definida privadamente?

3)    ¿Es la separación de la ética y la política a partir de Maquiavelo verificable fenomenológicamente?

4)    ¿Debería ser el propósito del gobierno el minimizar el miedo de la muerte y maximizar la felicidad individual y definida privadamente?

5)    ¿Cuál es/debería ser la meta más alta de la sociedad civil?

Si admitimos que tanto conceptos como “la libertad” y “los derechos” como valores como “la auto-expresión” y “la tolerancia” tienen fechas, enfrentamos una tarea bien difícil: la de interpretar lo que queremos decir.  El círculo hermenéutico implica que mi manera de preguntar e interpretar dependerá de mi carácter.[x]  Por ejemplo cuando hablamos de la “libertad,” ¿de cuál libertad estamos hablando?

La concepción de la libertad que resulta de las primeras dos olas de la modernidad (Maquiavelo, Hobbes, Locke, Rousseau, Kant, Hegel)[xi] no es la única concepción.  Leonard Barnes describe una libertad no “moderna” que radica más en la cooperación que en el liberalismo socio-político que empezó a surgir en el siglo XVII.

No hay mucho de Locke o Rousseau en ella (libertad Africana); le debe poco a la Revolución Francesa o al Renacimiento Italiano… Ellos aprendieron instintivamente que uno no entra a la sociedad desde afuera… Por lo tanto, los africanos permanecieron intactos al sesgo superficial del Liberalismo individual.  Formulaciones tales como libertad = ausencia de restricciones, o libertad = presencia de oportunidad, los asombraron por su vacua abstracción. Ellos perciben, a la luz de la naturaleza, sin que se les tenga que decir, que la libertad humana solo puede existir como un fenómeno cooperativo, un producto grupal de una forma especial del orden social.[xii]

No estoy opuesto a una reforma penal y afirmo que el número de violaciones de los derechos humanos en México es una barbaridad.  Pero vivir en una cultura de derechos humanos que no radica en una cultura de la cultura no es vivir humanamente.  Una cultura de derechos sin una cultura de cultura prolongará el ciclo amplio de decadencia, en el cual “la situación social se deteriora de manera acumulativa” y “la cultura se encierra en una torre de marfil” mientras la inteligencia desasida capitula al pragmatismo e inmediatismo del sentido común.[xiii] Estoy fantaseando sobre reformas en la educación desde kindergarten hasta el posgrado.  Tal fantasía es casi imposible hoy en día, pues el sistema de la educación está fallando, y ha estado fallando por algunos años.  ¿Quién tendrá la paciencia para desarrollar una por una las transiciones que haya que hacerse aunque tenga que esperar?  ¿Quién será lo suficientemente humilde para rechazar las soluciones a medias?


[i] Gómez, Rubí de María, “Género, Cultura y Filosofía”, (pp.75-105) en: Gómez, Rubí de María, Filosofía, Cultura y diferencia sexual, (coord.), Plaza y Valdés, 2001 (1ª edic.), p. 80.

[iii] Bernard Lonergan, Insight: Estudio sobre la comprensión humana, Salamanca: Sígueme, 1999, 297-301.  También ver James Duffy, “Cosmópolis, Filósofo y Otros Nombres,” http://eltoquehumano-humanistas.blogspot.mx/2011/05/cosmopolis-filosofo-y-otros-nombres.html

[iv] Hanna Arendt, p. 369.  Citado en Rubí de María Gómez, “Genero, Cultura y Filosofía,” p. 96.

[v] Véase Jean-François Lyotard, The Postmodern Condition: A Report on Knowledge trans. by Geoff Bennington and Brian Massumi, Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984

[vi] “¿Y qué hay de moderno en la mente moderna, uno pudiera preguntar, si Hegel, Comte o Marx, para poder crear una imagen de la historia que pudiera sostener su imperialismo ideológico, siguen usando las mismas técnicas para distorsionar la realidad de la historia tal como sus predecesores Sumerios?” Eric Voegelin, The Ecumenic Age, Lousiana State University Press, 1974, p. 68.  Traducción libre del autor del texto publicado en inglés.  La cita original dice: “And what is modern about modern mind, one may ask, if Hegel, Comte, or Marx, in order to create an image of history that will support their ideological imperialism, still use the same techniques for distorting the reality of history as their Sumerian predecessors?” [NB –La lista de los reyes sumerios es de 2000 B.C.]

[vii] Luis, Villoro, Estado plural, pluralidad de culturas, Paidós-UNAM, México, 1998, p. 143.

[viii]J. Benton, J., A. Gillis, A. y P. McShane, “El preguntarse encarnado,” en J. Duffy y K. Nahmmacher (traductores), Introducción al Pensamiento Crítico, Madrid, España: Plaza y Valdés, 2011, pp. 154-159.

[ix] Gómez, Rubí de María, op cit. p. 103.

[x]Hoy en día existe un esfuerzo para recuperar la antigua idea de frónesis en lugar de decir “adiós a la razón.”  Mario Teodoro Ramírez, “Humanismo en el siglo XXI. De la hybris moderna a la frónesis posmoderna,” Devenires, XI, 21, (2010), 28.  En el caso de Gadamer su hermenéutica es una recuperación de la pregunta ética y política de Aristóteles: “¿Cómo debería vivir?”  Para Aristóteles la respuesta es: “Cómo viven hombres virtuosos.”  Para Aristóteles, el spoudaios es la medida de las virtudes morales. Ética Nicomáquea, (1106b35).  Gadamer muestra como las actividades de crear o apreciar una obra del arte, escribir una historia, o hacer cualquier investigación o interpretación no están separadas de las actitudes y las orientaciones que constituye su vida.  Hans George Gadamer, en Verdad y Método (I y II. Ed. Sígueme, Salamanca, 1997).

[xi] Para Leo Strauss (1899-1973), “las tres olas de la modernidad” están representadas por el pensamiento filosófico, moral y político de autores como Maquiavelo, Hobbes {primera ola}, Rousseau, Kant, Hegel [segunda ola] y Nietzsche [tercera ola].  Strauss argumenta que la consecuencia de las tres olas fue eliminar la idea de filosofía política entendida como búsqueda del orden político justo.  Strauss desarrolla esta idea en el texto “The Three Waves of the Modernity,” (en Political Philosophy; Six Essays by Leo Strauss, ed. Hilail Gildin, New York: Pegasus, 1975, pp. 81-98), el cual no ha sido traducido al español.

[xii]Leonard Barnes, African in Eclipse, London: Victor Gollancz, 1971, 299-300.  Traducción libre del autor del texto publicado en inglés.  La cita original dice: “There is not much of Locke or Rousseau in it [African freedom]; it owes little to French Revolution or Italian Risorgimento . . . They instinctively apprehend that one does not enter society from the outside . . . Hence Africans are untouched by the shallow cant of liberal individualism.  Formulations such as freedom = absence of restraint, or freedom = presence of opportunity, astonish them by their empty abstraction.  They perceive by the light of nature, without having to be told, that human freedom can exist only as a co-operative phenomenon, a group product of a special kind of social order.”

[xiii] Insight, 287-290.

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