Michoacán y sus escritores: breve panorama de la literatura en la entidad


Este es un buen momento para la literatura en Michoacán. En lo anterior coinciden el poeta José Agustín Solórzano y el narrador Edgar Omar Avilés, entrevistados por separado para obtener un breve pero sustancioso, considero, panorama sobre la literatura en la entidad. El primero, un joven guanajuatense que llegó a Morelia hace poco más de cinco años y al estado hace siete, añade: “lo más importante es la variedad que se ha venido dando en el estado en las últimas fechas” en materia de literatura y la inclusión en la misma de muchos jóvenes. Además, coinciden en que la única forma de aprovechar “este gran momento de la literatura” es, como cabría deducir, escribiendo.

Michoacán tiene, a decir de Solórzano, una literatura “bastante frondosa”, y reitera la importancia que tiene el sector joven para el futuro de dicho arte. Luego se refiere a Edgar Omar Avilés y a su más reciente libro publicado Cabalgata en duermevela, que actualmente se encuentra “en una buena posición en los ‘tops literarios’ del país”. Avilés es uno de los escritores michoacanos contemporáneos que ha logrado “romper las barreras” del estado y ser conocido en gran parte del país. En la actualidad, varias escuelas en diferentes entidades le han solicitado que acuda a dar conferencias y clases magistrales.

Por su parte, Avilés considera que el estado tiene una buena cantidad de escritores, aunque, dice, la calidad es irregular. Los medios electrónicos, afirma, como Twitter, Facebook, y más importante, los blogs, han contribuido a dejar de lado “viejos rencores” y odios diversos en el gremio y más importante, genera una retroalimentación tanto literaria como emocional.

Sin embargo, el escritor no evita hacer una crítica hacia sus colegas: haciendo referencia a la “calidad irregular” de la literatura michoacana, sostiene que hace falta   que los artistas asuman un plan de vida como creadores; es decir, tomar una posición frente a la vida “no de certezas”, sino de intuiciones filosóficas en las cuales descansar su quehacer con las letras. Del mismo modo, considera que hace falta diversificar el tipo de lecturas que cada escritor realiza de manera individual, así como revisar las herramientas técnicas disponibles e incursionar en el campo de los talleres ortográficos y literarios.

En este punto, Avilés hace un comentario de vital importancia: afirma que es una necesidad “quitarse la idea de que la borrachera es el único camino de la literatura”. El artista es visto como un revoltoso al que hay que tirarle migajas para que no moleste, dice. “No se ha entendido que el artista es un motor de desarrollo valioso para la cultura y para la economía”, acota. El artista –sigue- es un forjador de sueños complejos y gloriosos “y no de pesadillas burdas como ser un narcotraficante o político ratero (no todos los políticos lo son, puntualiza) para tener poder, sexo y dinero.

A decir del michoacano, el artista es un factor importante de crecimiento intelectual y emocional en un pueblo; incluso, podría serlo mucho más, podría convertirse en un gancho para atraer turismo, considera.

Agustín Solórzano, por otro lado, subraya que es necesario que iniciativas como la recién creada asociación civil Literatura de Michoacán, también conocida como Sociedad de Escritores Michoacanos, hagan “ruido o ecos” que provoquen que otros estados “y, ¿por qué no?” –dice con cierto entusiasmo-, otros países giren la cabeza para ver a Michoacán como un referente en la literatura; ese es el objetivo que buscamos de manera colectiva, añade, aunque cada uno tiene su propia búsqueda personal.

En lo referente a las políticas culturales que la administración estatal saliente aplicó, ambos escritores se muestran positivos, aunque no pueden evitar las ácidas y merecidas críticas hacia la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum) debido a ciertos sucesos que tuvieron lugar hace poco: la institución anunció la “retención hasta nuevo aviso” de las becas para creadores de arte esgrimiendo como pretexto la crisis económica por la que atraviesa la entidad, aunque evitan mencionar que parte de ese dinero es de origen federal.

El michoacano considera que es necesario que en los puestos de cultura se coloque a funcionarios con un mayor entendimiento del arte, “funcionarios que amen el arte. Los puestos de la Secum deberían dejar de ser premios de consolación; ahí se coloca a gente que deja su cochinero (su ignorancia, su pobreza de alma y de miras, añade lacónico) y se va tan campante, dejando tan o más deplorable el estado de la cultura el estado de la cultura en Michoacán”. Más tarde, lamenta la reducción del presupuesto para el quehacer cultural en la entidad para este año y vuelve al ataque: los funcionarios de la Secum “no aman el arte y no pueden transmitir la pasión que no tienen a sus subordinados ni a los potenciales consumidores de arte. Por esto mismo, respetan muy poco a los creadores y a sus obras; están muy preocupados por no caer de la gracia de su jefe y de no desempeñar propositivamente: con ahínco, originalidad e inteligencia la labor para la que el pueblo les paga”.

El oriundo de Guanajuato, al ser beneficiario del programa de becas, es mucho más visceral en sus comentarios y externa su opinión con frases que no pueden ser transcritas aquí, aunque señala que “es un insulto para los creadores que se retengan las becas, siendo que –como se mencionó arriba- una parte del recurso la da el gobierno federal”.

Tocando lo que se refiere al papel que juegan los propios escritores como promotores o detractores de sus paisanos, Avilés afirma que, sobre todo lo demás, “Michoacán tiene armas para posicionarse como una potencia literaria en el país dentro de una década”. Llama a “no desperdiciar nuestras balas” y pide a la sociedad civil que “dé su voto de confianza” para que se lea la literatura que se produce en el estado, con lo que se podría lograr que el gobierno sepa aprovechar la oportunidad de apoyar a un sector que puede retribuirle con creces.

Tras advertir que se desvió un poco del tema, el michoacano dice contundente: en la literatura, ignorar al otro es una de las peores formas de ataque. Luego, regresa al tema de las nuevas tecnologías y la posición que juegan en el apoyo a la literatura: “por fortuna, a últimas fechas nos conocemos mejor. El Internet (Facebook, Twitter, blogs y revistas digitales, reitera) ha ayudado mucho. Cuando uno conoce al otro comienza a entenderlo y suelen nacer afinidades, aprecios, respetos y hasta amistades”. Asimismo, enumera varios proyectos literarios que se llevan a cabo en Michoacán, como el del Colectivo Paracaídas o la revista Revés, publicación digital que da prioridad a los escritores del estado. Sin dudarlo, aplaude las iniciativas y reitera: es un buen momento para la literatura en Michoacán.

Ambos concluyen, de manera independiente, que de los escritores que, ya sea por nacimiento, como es el caso de Edgar Omar Avilés, o por adopción, como es el caso de José Agustín Solórzano, se consideren michoacanos, depende el futuro de la literatura en este estado. “Es un buen momento, de nosotros dependerá aprovecharlo, es sólo cosa de escribir…”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s