Our Lady of Guadalupe


Los últimos años han sido duros para nuestros paisanos en los Estados Unidos. El número de mexicanos que marchan al país vecino, ha caído abruptamente (40% desde 2006[1]) y la tasa de desempleo entre los inmigrantes mexicanos y centroamericanos aumentó drásticamente a alrededor de 11.4 por ciento en junio de 2009 de acuerdo al reporte “Migración y la Recesión Global” del Migration Policy Institute (MPI).

De paseo en el gabacho, era inconcebible perderse la oportunidad de presenciar la fiesta de fe de los mexicanos a la llamada “Madre de México”. El escenario es la ciudad de San José, en San Antonio Street: la iglesia católica “Our lady of Guadalupe”.

Afuera y en los alrededores de la iglesia una simulación de feria de pueblo, con venta de antojitos tradicionales. Adentro del recinto y entre excuse me y con permiso los creyentes se desplazaban a través del mar de gente. Desde luego Juan Dieguitos y güarecitas, cientos de racimos de flores y la comunidad hispano-mexicana congregada para adorar a su virgen. La banda entonaba las mañanitas, y después de misa se presenció una obra de teatro de las apariciones.

La fe, la religiosidad, pero sobre todo el Guadalupanismo, son elementos presentes en una radiografía de la identidad cultural del mexicano. El Guadalupanismo, fenómeno complejo, construye su cultura, su dinámica de vida y su (nuestra) idiosincrasia.

El mexicano y la mexicana, la mano de obra y la fuerza bruta, los productores, los que les trabajan la tierra, los que hacen los trabajos “que ni los negros quieren hacer[2] ” vienen de un camino de subida, que recién comienza a estabilizarse.

Dos millones de estadounidenses perdieron sus casas en 2008, y 2,8 millones más en 2009[3]. La recesión de 2008 y 2009 dejó a muchos inmigrantes e incluso mexicanos con residencia o naturalizados estadounidenses sin casa, algunos además sin trabajo, y otros más que oscilan entre trabajos de medio tiempo sin aseguranza.

Nuestros paisanos, los más vulnerables a perder su fuente de ingreso, los que buscan el sueño americano, para no seguir siendo parte de los más de 50 millones de víctimas de la injusticia e inequidad social en nuestro país. Muchos de ellos regresaron , pero los que se quedaron tienen razones para dar gracias a la Lupita del otro lado, no dudaron en demostrarlo y fuera de su tierra y ante la adversidad, seguro recuerdan “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”

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