De changos y gorilas o la brutalidad policial cotidiana


Hace pocos días, estando sentado en una plaza pública en el centro histórico de la ciudad de Morelia, fui observador casual de una detención por parte de la Policía Estatal. Debido a la calidad de Patrimonio de la Humanidad que nuestra ciudad tiene, los elementos de dicha corporación que operan en el primer cuadro se movilizan en bicicletas, lo que les permite una veloz respuesta ante cualquier hecho que pueda sucitarse. Lo anterior lo menciono porque al momento de detener al individuo, quien se encontraba en evidente estado de ebriedad, no bastaron un policía, ni dos policías y nisiquiera tres elementos de seguridad para efectuar el arresto; fue necesaria la asombrosa cantidad de diez policías, diez, para poder colocar las esposas al hombre. Cabe mencionar que al momento de ser detenido, el hombre portaba un morral de cuero, mismo que fue removido por los elementos de seguridad. El destino del bolso se desconoce, aunque no quiero pensar mal; espero que, como lo marca el protocolo, fuera entregado en los separos como parte de las posesiones del detenido.

Eso no sólo refleja la gran ineficiencia que las corporaciones de seguridad pública han demostrado tener, sino que también pone de manifiesto el miedo y la falta de educación que las autoridades poseén. El individuo en cuestión terminó con el rostro lleno de cortes y visiblemente golpeado. Los diez oficiales en cuestión, se mostraban contentos; ni por un segundo se vieron amenazados y todos exhibían sonrisas ufanas. Cabe mencionar que ningún transeute se detuvo a contemplar con detenimiento la escena; supongo que los diez oficiales de policía, todos portando revólver, macana y excitados por la violencia, tuvieron algo que ver.

El que las personas comienzen a mostrar un rechazo instintivo hacia las instituciones “encargadas de protegernos” es, ya de por sí, triste y alarmante. Pero que sean esas mismas instituciones las que incentiven y promuevan ese temor es inaceptable. Asimismo y desde mi punto de vista, el comportamiento autoritario del que hacen gala los efectivos demuestra hasta qué punto están asustadas las autoridades. Por supuesto, estas acciones responden a la necesidad del Ejecutivo nacional de legitimarse, tema del cuál no hablaré porque carezco de la autoridad para hacerlo, toda vez que medios de carácter nacional ya lo han hecho. Volviendo al tema de nuestro interés, ese mismo día por la mañana, presencié algo similar. Una mujer mayor en estado de indigencia fue levantada (en el buen sentido de la palabra) por policías estatales. Todo esto habría estado bien si se hubiera realizado de la manera correcta. En este punto me detengo y hago un paréntesis: contrario a lo que pueda creerse, no estoy en contra de las instituciones, sino de la forma en que se manejan, como ya lo mencioné, con absoluta impunidad y prepotencia. Continuando, decía que las policías (se trataba de dos mujeres) no la levantaron con amabilidad; llegaron y la despertaron a puntapiés. Luego, comenzaron a interrogarla, y finalmente, la llevaron hasta la patrulla medio a rastras medio a empujones.

Con toda seguridad, los dos casos anteriores son sólo parte de los cientos que deben sucitarse día con día en la ciudad. Por ello, sería necesario hacer un análisis sobre los casos de violación a los derechos humanos que se han sucitado durante los últimos cuatro años y medio, y sobre ese punto, poner sobre la mesa el refuerzo de mil 800 nuevos elementos que el Presidente envió a Michoacán, con la supuesta misión de capturar a Servando Martínez, La Tuta; sin embargo, se ha demostrado que las zonas del país que más crímenes contra los derechos humanos se registran en los estados que cuantan con una mayor cantidad de policías federales y elementos del Ejército Mexicano, como lo son Tijuana o Sonora. Ahora, con este “refuerzo en aras de la seguridad”, sólo queda fijar la cifra de crímenes contra los derechos humanos que se tienen registrados en Michoacán, y comenzar a añadir “daño colateral tras daño colateral”. Ahora, sólo queda esperar.

@MarcoLopezLit

Anuncios

2 comentarios el “De changos y gorilas o la brutalidad policial cotidiana

  1. LUis MIranda dice:

    Ok estoy totalmente de acuerdo, es indefendible el grado de ignorancia de nuestras autoridades específicamente a elementos municipales a los que te refieres, y es que con tal brutalidad deberían tratar a los verdaderos delincuentes, he escuchado aveces desde sus mismos mandos reciben este tipo de entrenamiento grotesco para asi implementerlo el problema es que lo hacen tanto con indigentes, ciudadanos, inocentes sobre todo y menos con los verdaderos delincuentes. Que lástima.

  2. México y su alegre sistema de seguridad, le dan armas a cualquier gordo inepto y ni si quiera lo someten a exámenes psicológicos y de capacitación, los hechan al mundo a “proteger a la sociedad” sin tomar en cuenta que mucha de la delincuencia que existe es gracias a ellos: sobornos, abuso de autoridad, etc.
    Si de verdad quisieran que el país cambiara, el gobierno debería poner atención a éste problema y dejar su “guerra contra el narco”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s