Uno de los 40 mil o la historia de un personaje infame


“Y es que el barrio esta cabrón: la muerte o la prisión” Su mercé

Alguna vez escribía J. L. Borges en su cuento “El otro”, que su pluma se inspiraba con afán de convertir la realidad en ficción, invirtiendo la fórmula Borgiana quisiera relatar y dotar de realidad una historia de un personaje con el cual conviví ya que ahora dentro de las discusiones, diálogos y disculpas presidenciables su historia adquiere mucha importancia.

Su historia es real, todos los que lo conocimos sabíamos, no podemos tener duda de eso; ¿su nombre? “El Roy” así a secas lo conocí siempre y, haciendo a un lado las formalidades de los nombres completos, la historia de este joven sin fama será la historia de Roy.

Antes de continuar la historia sería conveniente poner en claro que no  es la de un mártir de la guerra; no es un policía o militar muerto, no es un joven muerto por algún error en alguna circunstancia particular, esas historias tendrán (espero) sus propias plumas, sus propios tiempos y geografías. Él era más bien uno de esos “pillos” contra los que ha declarado la guerra el Estado mexicano.

La primera vez que lo vi me pidió mi carro de juguete, el tendría cinco años y yo casi cuatro. Él se llevó mi carrito y lo abandonó, ya por la noche, completamente destruido por el uso que le habían dado Roy y sus primos. Recuerdo su casa de cartón, a dos cuadras de mi casa y el montón de niños que salían de ese pequeño terreno. En ese momento nunca hablé con él y con el paso de los años jamás le mencione el incidente, tal vez porque pasó tiempo hasta el día en que volvimos convivimos de cerca, tal vez porque, de cualquier manera, no le vi utilidad.

Durante esos años fui testigo del cambio que sufrió su casa: la construyeron con ladrillos; años después, un segundo piso. Incluso se mandó pintar una imagen de la virgen de Guadalupe afuera de casa, imagen que abunda en las casas y calles de todos los infames. Su casa mejoró pero con ayuda de un pequeño narcotraficante que se enamoró de una hermana de Roy, no por el trabajo legal, que nunca ayudó a su familia. Inicia de esta manera el sueño que lo acompañó hasta el día que desapareció: ser rico ¿cómo? Como el siempre pensó: desafiando las normas de una sociedad que nunca le dio nada. Un delincuente, pero un conocido de todos y no por su condición sino por su capacidad de entablar relación con cualquier persona. Roy conocía y convivía con todo grupo de amigos de la colonia, algunos le decían el “Brujo”, conocido era, conocido fue, no mezclaba “trabajo” con sus amistades. Así fue su vida entre amigos por un lado y delincuencia por el otro.

Lo primero que supe de sus actividades, de las cuáles no hablaba mucho, simplemente aparecía un día con 10 mil, 5 mil pesos una o dos veces al mes, dinero que salía de llevar cocaína al norte del país, después no se le veía unos días, regresaba. Y así vivió vendiendo drogas por varios años, con distinta gente, alternando estos trabajos con algunos legales, pero siempre regresando a las ”andadas”.

Alguna vez le preguntamos que si eso era lo quería, su respuesta fue un tanto desconcertante, palabras más, palabras menos: “sí, siempre supe que esto quería hacer, no se hacer otra cosa bien y sí, también sé que el que rápido empieza, rápido acaba”, la ley que más se cumple dentro de la delincuencia, la ley que se cumple en muchos jóvenes en todo el país.

La última vez que lo vi había más o menos cumplido su sueño: salir de la miseria, tener para ser tomado en cuenta y así en su camioneta de lujo lo vi pasar, nunca imaginé que fuera la última. Después sólo los rumores, que lo persiguieron, que lo mataron los federales, que los narcos; el chiste fue que Roy jamás regresó. Su historia de delincuencia terminó, el se dedicó los últimos días al robo de autos.

Su historia, aunque infame, tiene muchísima vigencia en estos tiempos de convulsión social, ya que en muchas “buenas conciencias” se sigue pensando este conflicto como un conflicto entre malos y buenos, entre humanos e infrahumanos que por gusto y ganas se dedican a realizar actividades fuera de la ley, seres moustrosos que arruinan el país, pero todo ser tiene una historia, todo muerto es más que un número.

Lo anterior no constituye una apología al crimen, ver su historia así sería una visión miope de la cuestión,  su historia tiene como fin el cuestionamiento de una política de sangre, el cuestionamiento de orden social, político y económico que por medio de sus relaciones de poder incita el nacimiento de historias de personajes infames, historias que nos escupen en la cara la barbarie y decadencia de nuestras sociedades.

@hombredelluvia

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3 comentarios el “Uno de los 40 mil o la historia de un personaje infame

  1. t.ch.g. dice:

    La historia de la infamia de Borges, es una recopilación de historias similares. Con contextos distintos, pero de personajes de los cuales no gustan, por la peculiaridad de la historiai y vida que les tocó vivir. Sin embargo, esta es más me parece especial en este México hay de estas historias miles, y quebueno que das oportunidad de compartir una de viva imagen…
    T. Ch. G. =/=

  2. ordenycaos dice:

    Me sorprende, hombredelluvia. Ojalá pueda comentarlo pronto en directo con usté que tengo aún unas dudas políticas pendientes 😉
    Un abrazo, siga usté escribiendo, que me/nos da gusto leerle!

  3. Crecí entre las ideas de que “uno decide su camino”, el que se hace maloso es porque quiere, porque no tiene la fuerza suficiente para actuar bien, porque nadie lo obliga…
    Ahora, me pregunto ¿si no hay posibilidad de ser otra cosa, si sólo hay un camino por tomar, cómo juzgar tales decisiones?¿cómo juzgar a un “maloso” si no le quedó otro camino por tomar?
    Si es la salida fácil, cómoda, rápida no lo sé, pero pudo decir que personas como “El Roy” tambien pudieron hacer mejores cosas, para mejorar su condición y no sólo dejarse llevar por la corriente. Quedan sobre la mesa, quedarán siempre tal vez, la duda de si no quedan más salidas, de si hay que elegir lo difícil, de “¿quién tiene la culpa'”. Soy Sartreano en este sentido (chocamos aquí, y seguramente más que en otras cuestiones), me parece que cada uno decidimos de qué lado ponernos –quedan cosas por considerar, por su puesto, y es dónde me gana lo Villoriano(y Sartre puede irse al carajo): considerar que ha de haber condiciones para realizarse.

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